The hick of French Lick I – Los inicios

Por cada generación, surge un jugador del que puede decirse que es una verdadera superestrella. Larry Bird fue uno de ellos.

 

Durante 13 temporadas con los Boston Celtics, desde 1979-80 a 1991-1992, Bird personificó la garra, la consistencia y la excelencia en todas las áreas del juego – como anotador, pasador, reboteador,  defensor, jugador de equipo, y, sobre todas ellas, como jugador decisivo, determinante, inclemente en los momentos de la verdad, en los segundos finales, cuando el partido está en el alero. Bird era tan arrogante que se le vio acercarse al banquillo rival y predecir una actuación propia de 40 puntos. Era un tirador tan mortífero que, en ocasiones, practicaba el lanzamiento de tres puntos con los ojos cerrados. Entre los contemporáneos de Bird, quizá sólo “Magic” Johnson pueda considerarse mejor pasador que él. Pocos jugaban más duro que Bird, que nunca dejó de jugarse el tipo y su maltrecha espalda por los balones perdidos.

 

Bird fue la quintaesencia del “Celtic Pride”. Fue un jugador de clase, seguro de sí mismo, un trabajador nato que se crecía ante la presión y hacía mejores a sus compañeros. Como hicieran antes Bob Cousy, Bill Russell, John Havlicek y Dave Cowens, el tímido Bird se convirtió en centro de atención mediática a la par que sacaba lo mejor de los jugadores que compartían su vestuario. Pero ninguno de los citados  llenó el Boston Garden, conectó con los aficionados y dominó los partidos de la manera que Bird lo hizo.

 

Bird ayudó a emerger a una franquicia histórica que había sufrido  una época de juego mediocre y baja asistencia de público a finales de los 70. Con Bird como epicentro de una compensada plantilla, los Celtics ganaron tres campeonatos de la NBA y 10 coronas de la división Atlántico. Además de los tres campeonatos, Bird acumuló una increíble colección de logros personales. Se convirtió en el tercer jugador (y el único no pívot) en ganar el MVP de la temporada durante tres años consecutivos. Fue 12 veces All-Star, dos veces MVP de las Finales y 9 veces miembro del mejor equipo de la Liga. También lideró la liga en porcentaje de acierto en tiros libres durante cuatro temporadas.

 

Un perfeccionista obsesivo, Bird fue idolatrado por los aficionados “verdes” y los puristas del baloncesto. Sus heroicos tiros en los segundos finales de partido, desde imposibles bandejas a mano cambiada a bombas teledirigidas desde 8 metros sobre múltiples defensores, nunca dejaron de asombrar a todos aquellos que seguimos su carrera. “Larry Bird ha ayudado a definir la manera en que una generación de aficionados al baloncesto se ha acercado a este deporte y han llegado a apreciar la NBA” dijo el comisionado David J. Stern en la retirada de Larry Bird, debido a sus crónicos problemas de espalda, en 1992 tras haber ganado el oro olímpico en Barcelona con el genuino “Dream Team”.

 

La leyenda de Bird nace en el pequeño pueblo de French Lick, situado en el corazón de los campos de maiz del estado de Indiana, donde su familia llevaba una vida espartana. French Lick contaba con 2.059 habitantes, la mayoría de los cuales asistía a ver los partidos de casa del Springs Valley HS en un estado en el que el baloncesto es algo más que un deporte. El público rondaba los 1600 espectadores en cada partido—y todos querían ver a ese joven tirador rubio de la sonrisa tonta llamado Larry Joe Bird.

 

Tras un segundo año truncado por un tobillo roto, Bird emergió como estrella durante su tercer año en el instituto. Springs Valley consiguió una marca de 19-2 y el joven Bird se convirtió en una celebridad local. Los aficionados se rifaban la oportunidad de llevar a los padres de Bird al estadio, ya que no podían permitirse coche propio. En su último año, Bird se convirtió en el máximo anotador de la historia de su instituto y unas 4.000 personas asistieron a su último partido allí.

 

Bird no se adaptó a la vida en la universidad. Fichó por los Hoosiers de la universidad de Indiana, perennes candidatos al título de la NCAA, pero tras un mes dejó sus estudios. A continuación dejó también el Northwood Institute y, cuando parecía que todas las ilusiones y perspectivas puestas en él se irían al traste, se enroló en la humilde universidad de Indiana State, que había tenido una marca de 12-14 en cada una de las dos temporadas previas y donde la presión no era, ni de lejos, la existente en Bloomington.  

 

La asistencia rondaba los 3.100 espectadores cuando Bird llegó a Indiana State, pero como ya había hecho en Springs Valley, Bird, por sí mismo, fue capaz de elevar a su equipo a la categoría de respetable y mucho más. Promedió más de 30 puntos y 10 rebotes para los Sycamores en su primera temporada. La venta de entradas se triplicó. Los canales de televisión locales mostraban cortos de Bird en vez de anuncios. Los estudiantes descuidaban sus clases para hacer cola para las entradas ocho horas antes de cada partido. “Larry Bird Ball” era el deporte favorito en Terre Houte.

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