¡Váyanse a la mierda!

Ante el éxito de crítica y público de mis textos anteriores, he decidido publicar hoy mi obra maestra. Espero la disfruteis.

Allí donde fueres, haz lo que vieres. La sabiduría de nuestro refranero se pone de manifiesto a cada paso que damos. Hoy, mañana y siempre la luz del infinito ilumina tenuemente el azul pálido de tus ojos y resalta el brillo marfil de tu sonrisa. El cómo, el cuando y el por qué no interesan a nadie. La tierra ha borrado su faz; sin dolor, sin pasión, sin alegría, sin penas, suavemente. Apenas susurrado por el dulce canto de un ruiseñor. Hoy todo, mañana nada. Y si nadas no te ahogas.

 

Días difíciles, fácil no hay uno. Fácil no hay nada. La facilidad es un término que pertenece a otra dimensión, a otro mundo, al mío, desde luego, no. El Universo, el Mundo, Europa, España, Asturias, Oviedo, Vallobín, Padre Aller, 1A, 3º E… Familia, amigos, amores, anhelos, los olvidados siempre somos más que los recordados. La bobina del recuerdo caduca para todos. No hay infinitos. El límite no es el cielo. Cohetes en el culo, cuanto más potentes más peligrosos. Las caídas son más duras cuanto mayor es la altura. Llegar o no, y mantenerse… ¿para qué?, ¿por qué?, ¿para quién?

 

El dinero nunca da la felicidad, ni siquiera a los imbéciles. Sin embargo, es un buen sucedáneo. Sacarina, el dinero es sacarina. No hay lugar para el heroísmo, son malos tiempos para la lírica. Superman ha muerto y Batman está en la cola del INEM. Nada que admirar, nada por lo que luchar, nada por lo que vivir ni morir. Sin ideologías, sin fe, sin creencias ni principios, sin un fin. Sentimientos contradictorios y miedo, temor, el motor de nuestra vida. El miedo convierte un charco en océano, un chiste en ofensa, un hombre en rata, un enemigo en Dios. Lo distorsiona todo y casi nunca para bien.

 

Jugadores de poca monta, a veces ganas y las más pierdes. Aquí estamos, perdiendo el culo por un aprobado, un ascenso, un aumento, un beso. Pero siempre perdiendo el culo, cuando no la cabeza. Alguien me dijo una vez que la cabeza sólo merece la pena perderla por un par de tetas; entonces me reí, hoy pienso que es verdad. Correr, el día y la noche corriendo hacia ninguna parte; quizá ahí esté el encanto.

 

¡Váyanse a la mierda!

 

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