El poder de la Fe

Por fin ha llegado el Mundial. Y hemos tenido que esperar hasta semifinales, es decir, 36 partidos, que se dicen pronto. Partido memorable el Alemania – Italia, de esos que se quedan grabados en la bobina del recuerdo. Un partido entre dos potencias, dos selecciones tricampeonas del mundo, dos equipos que saben exactamente qué deben hacer para ganar; un partido en el que Italia  salió a jugar al fútbol por un día porque sabía que no podía depender de un  fallo en el engrasado engranaje de la máquina germana; un partido en el que el árbitro se tragó el silbato y, como dirían en mi pueblo, “llovieron ostias como panes”. Un partido pleno de intensidad en el que, como siempre en el momento en que el físico se resiente, decidió el talento.

Por todo ello, y considerando el arbitraje, el poderío del equipo alemán, a Lehmann y el factor cancha… sólo se me ocurre un equipo capaz de derrotar a la máquina teutona. Y ese equipo es Italia. No se si se debe a su ascendencia romana y la disciplina marcial,  las legiones,  Cayo Julio Cesar, los elefantes de Aníbal, Rómulo y Remo, la madre que los trajo al mundo y la loba que los alimentó, pero nadie puede decir de los italianos que no saben competir. Nadie puede decir que no se dejan hasta el último aliento en el campo. Nadie puede reprochar a los Materazzi, Cannavaro, Grosso, Zambrotta su entrega, disciplina y profesionalidad. Nadie puede reprochar la ausencia de talento técnico en Gatusso porque se deja el corazón y la vida guardando sus espaldas y las de Pirlo, con un coraje digno de un gladiador.  Nadie puede osar a refutar el planteamiento, el desarrollo del partido y los cambios del “Paul Newman” que se sienta en el banquillo transalpino. Nadie, aún habiendo tenido un resultado adverso.

Porque son esos Cannavaro, Materazzi y Gatusso al uso los que permiten que llegado el momento, los artistas saquen de la chistera su conejo y ganen el partido. Con un Pirlo, clarividente, en medio de la Selva Negra y un Del Piero soberbio en el definitivo 0-2.

Italia es un equipo. Cuando un lateral sube, el medio ocupa su espacio. Cuando un medio pierde un balón, su compañero cubre su error. Son disciplinados a nivel táctico y cada uno conoce su rol,  cree saber lo que tiene que hacer para ganar y desempeña su papel lo mejor que puede y sabe, que es mucho. Italia es un equipo con Fe. Es un equipo que cree en lo que hace. Y el poder de la fe es casi ilimitado. Sino que se lo digan a la Iglesia Católica, que lleva más de dos mil años tomándonos el pelo.

 Siempre se puede decir que la suerte se alía con ellos, que marcaron en el último minuto de la prórroga, que el resultado podía haber sido otro. Es una verdad, pero a medias. No olvidemos las tres estrellas que luce su escudo. 

 Ya lo decía un tal Virgilio, italiano también, Audentis fortuna iuvat.

 La suerte ayuda a los audaces.

 Esta vez, ellos lo fueron. Forza Italia!!!

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El poder de la Fe

  1. Roberto dijo:

    Cuanta cultura y capacidad de análisis en los momentos de inspiración, demuestra el autor de éste blog.
    ¡¡ Gracias a Dios que estos momentos de clarividencia también los tiene de vez en cuando con las mújeres !!
     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s