Noia

Llegaron las merecidas vacaciones estivales y el club de Esteiro se reunió en un nuevo cónclave, en la localidad coruñesa de Noia. Tras casi dos años desde aquel archifamoso primer cónclave, por unos motivos u otros, no se había logrado reunir en “a terra galega”  a este cuarteto único de jóvenes ilustrados y de moral irreprochable.

Un largo viaje de unas cinco horas mereció la pena por el maravilloso y caluroso recibimiento prodigado, consistente en una magnífica paella con bogavante que insufló los ánimos de todos. Tras ella, una breve estancia en la playa y una cena en una pulpería habilitada como tal para esos entrañables días de fiesta estival. A continuación, a mi pesar, se decidió por consenso sacrificar el concierto de nuestro compatriota Ramón Melendi en aras de un buen botellón en casa de nuestro gran anfitrión, el camarada Zapico (para los noyeses más conocido como Fernando). Y es que, como sabiamente comentó “El elegido”, antes de salir al campo de batalla hay que asegurarse  llevar bien cargado el arcabuz.

 La batalla fue larga, ardua y fangosa. En ella, tuvimos un alta memorable en la figura de Luis (el notario del pueblo). Así pues, nos dirigimos al primer bar de moda de la localidad y, cuán sería mi sorpresa al verme honrado con los primeros compases de ese clásico moderno que es “Take me out”. Los augures eran propicios y mi confianza en el éxito de la expedición se disparó. La cocida asturiana comenzaba a tener proporciones aceptables e iniciamos, en un ejercicio de talante y aperturismo, un prolijo intercambio de opiniones con las lugareñas.

 Y ya se sabe, “tanto la mujer como la almeja, la mejor es la gallega”. Su paciencia es infinita, hacen gala de una simpatía sin parangón en toda posible situación, su acento es maravilloso y en sus ojos hay algo de la desesperanza propia del que ha vivido mucho y, por tanto, espera muy poco de todo. Además de esta cascada de virtudes, la más importante fue aportada por Za en el curso de una disertación de alto contenido intelectual en que se llegó a la siguiente conclusión: “las gallegas son tetudas”.

 Todas las virtudes arriba descritas cobraron forma en la sensibilidad de una ilustre cliente de nuestro “banquero” favorito; chica de 23 años, piel perfecta, estudiante de topografía, rotundas formas, hipnótica sonrisa, nariz prominente y camarera ocasional. Lamentablemente para mí, y por ende el grupo, la cosa quedó en palabras y nosotros, de ascendencia romana, somos más de hechos.

 Tras gallardear un rato en el susodicho bar, cuya camarera terminó por odiarme, decidimos cambiar de ubicación y nos dirigimos a la disco-pub-bar de moda, llamada Dumo. El camarada Emilio no paraba de repetir, en memorable guiño a la figura del capitán Alatriste y su leal amigo don Francisco de Quevedo:

 “Tan sólo queda batirnos”

 Y eso fue lo que hicimos. Comencé el recital, primero bailando, después rozando y finalmente “comiendo” con una gallega de hidalgo porte, abundantes caudales y lengua viperina. Como se pone de manifiesto en las fotos, hay pequeños detalles que diferencian a los hombres de los niños. Aquel al que hago referencia es que en ningún momento alejé al viejo camarada Brugal de mi mano izquierda, porque era consciente que mi fiel amigo era el único que me acompañaría toda la noche e incluso a casa, para mayor gloria del ajuar de Zapi. Mis camaradas, visiblemente emocionados por la hidalguía del gesto y la elegancia natural de la pose, loaron sin cesar mi donaire y señorío en las horas de resaca posteriores.

 No fue tan loado el lamparón que apareció al mediodía en el sofá de Zapi, aunque sirvió para que el bueno de Za optase por regalarme, por fin, el CD con los mejores “sketches” de Heather Brooke, también conocida como Heather Lee después de su afortunado matrimonio, a cambio de mi bandera de Asturias (“París bien vale una misa”) y para que de ese modo, según palabras textuales, “fuese a manchar con mi chirlotada los sofás de la reputísima que me parió”.

 La noche terminó mal saliendo a las 7 de la mañana del último bar abierto ladrándole a un pobre infeliz: “¡Qué miras imbécil! ¿Quieres que te rompa la cara?”. Salve decir que a esas alturas ya no era yo, sino el Raskolnikov que llevo dentro.  El camarada Gabriel, un tanto acojonado, comentaría sabiamente al respecto: “Dam, tienes que calmarte. Un día te van a meter una pinfla de ostias que no lo vas ni a poder contar”.

 El resto de las noches vinieron a ser más o menos como la comentada, sin nada nuevo a reseñar excepto la llegada de Mau a Lavacolla, al más puro estilo Cannavaro, y los esfuerzos realizados por maese Fernando para dar una imagen de seriedad y madurez allí donde se gana el pan. El que suscribe no se  podía creer su coartada. Todo serio, intentando mantener conversaciones coherentes con las chicas, sin tirarse a cuchillo, templando los ánimos, sin intentar una miserable polea …¡irreconocible!

 Que el Zapi, campeón del afamado galardón “Gochu 2005”, vuelva “asap”* por favor.

 * “Asap”: anglicismo, dícese de as soon as possible (aclaración para los no iniciados)

Dámaso Martínez,Publicado en Thu Aug 31 18:08:58 UTC+0200 2006

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3 respuestas a Noia

  1. Daniel dijo:

    A mas de 2,000 km de alli me descojono y a la vez me emociono con semejantes documentos graficos y narrativos. Os echo de menos chicos. A ver si la siguiente puede ser en San Mateo. Algun día os engañaré para que vengais a paradise:-)
     
    Un abrazo.
     
    Dani.

  2. mauricio dijo:

    Querido dam, como pudisteis comprobar la imagen de Zapi en Noia no es porque alli intente mostrar otra imagen, el zapi (fernando mas alla de ribadeo) ha cambiado definivamente, lo tenemos enamorado, seguro que le va bien,asi que por favor no se mencionen estos trofeos… de momento Zapi no va a volver… tiene "trabajo" por consolidadar… pero os aseguro que lo tenemos ya fuera de mercado!!! Bien por Zapi (perdon ahora Fernando)
     
    un abrazo a todos!!!

  3. Roberto dijo:

    Habrá que reflexionar si tanta lectura de "Alatriste" (gran virtud, esta afición) están llevándonos a un nuevo Quijote del siglo XXI, dondé la trasnformación de su carácter a altas horas de la madrugada puede llevarnos a gritar a todos al unísono como camaradas: "No queda mas que batirnos".
    Allí estaremos.
     
    Rober

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