Ségolène Royal

En esta ocasión voy a sorprender a todos mis blog adictos. Dejando autobuses, baloncesto, frustraciones y literatura aparte, que son los únicos campos en los que tengo una mínima formación, voy a hacerme eco de la actualidad política internacional.

Se que tras el párrafo inicial el 80% de ustedes ya habrán cerrado mi espacio, y estarán dedicándose a disfrutar de todo aquello que la red pone a nuestra disposición, especialmente del porno. Aún así, los que aún continuáis, no os preocupéis. No será nada denso, ni largo, ni infumable. Esa función ya la cumplen de sobra las universidades y sus catedráticos docentes a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Es imposible competir con ellos.

Las palabras que a continuación voy a verter cobran importancia, en cuanto se refieren a una mujer. Mucho más en cuanto que, aún republicano de corazón, soy el más fervoroso partidario de la ley sálica: “si Leonor llega a reina me nacionalizo belga” he llegado a decir, y algunos me tildan además de misógino por perlas como “el día que en España gobierne una mujer me autoexilio”.

Pero como diría Fito: por la boca muere el pez. Y la experiencia práctica, una vez más, constata la sapiencia de nuestro folklore. Aparece en la escena política “madmoiselle” Royal.

Ségolène Royal, elegida por las bases del Partido Socialista francés candidata a la presidencia de la República en las elecciones generales de la próxima primavera. Hija de coronel, nacida en Dakar, 53 años, madre de cuatro vástagos, lleva 25 años de relación con su pareja sin pasar por altar o juzgado alguno, feminista militante, ex – ministra de medio ambiente y educación con fama de mujer dura y autoritaria.  ¿Y bien? Pues, sin que sirva de precedente, haré constar aquí mi más profunda admiración hacia esta señora. En primer lugar, por su condición de socialista forjada a contracorriente en una familia de tendencia conservadora. En segundo lugar, por su innata capacidad para generar ilusión. Sí, sí, ilusión con mayúsculas. Y tiene mérito en el siglo en que vivimos. Esta mujer ha logrado ganar unas primarias sin programa, a parte de vagas ideas de cambio radical en la vida política, cercanía a las inquietudes del pueblo, igualdad de oportunidades, mejoras educativas como vía para erradicar los problemas de violencia callejera… bla, bla, bla. Lo de siempre.

¿Y dónde radica su éxito? En su talento para fascinar. Su fisonomía es innegablemente francesa. Desde sus bonitos ojos azules, pasando por su pelo, hasta su empática sonrisa, su envidiable figura, aristocráticas formas y elegancia natural. Todo ello hace un conjunto irresistible que marca la diferencia, da credibilidad. No se trata de que creas o comulgues con lo que propugna o propone. El matiz diferenciador radica en que deseas creerlo y a pies juntillas. He ahí la magia.

Yo caí en el embrujo como el 60,3% de las bases del PS. Por todo ello, ¡Ségolène for president!

En definitiva, avezados lectores, como seguro a estas alturas ya habéis intuido, mi repentino interés por los grandes temas de la actualidad llega, cómo no, porque hacía mucho tiempo que nadie me ponía tan cachondo. Una vez más, en primera persona, pongo de manifiesto la insondable vacuidad de la naturaleza humana.

Dámaso Martínez,Publicado en Fri Nov 24 20:03:25 UTC+0100 2006

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