50 años

Este jueves 7 de diciembre, “the best basketball player I´ve ever seen” hacía el medio siglo entre los vivos.  Me decía mi vecino favorito el jueves noche que era una vergüenza que no hubiese ninguna referencia en mi blog al respecto. Principalmente porque siempre estoy dando la chapa con que si Larry esto y Larry lo otro.

Podría decir un millón de cosas del señor Bird. Podría alabar su talento innato para entender el juego e involucrar a sus compañeros en él, su feroz determinación, una confianza en sí mismo que rayaba la soberbia, una ética de trabajo stajanovista y el instinto asesino de un depredador. Sólo con una mezcla de todo ello pudo conseguir lo imposible: convertirse en el mejor jugador de baloncesto del mundo en un cuerpo de 2,06m lastrado por unas condiciones físicas muy alejadas de lo que se entiende como atlético.  

Decía Friedrich Nietzsche:

Cuando se eclipsa el talento de una persona se hacen más visibles sus cualidades morales: y no siempre son estrellas lo que así se hace visible.

Yo no conocí al mejor Bird. Le vi jugar en su ocaso, pero la luz que emanaba de su luna era más poderosa que muchos soles. Recuerdo esos ojos azules fríos como el hielo, desafiantes al salir de un tiempo muerto con tres segundos por jugar y dos puntos por debajo en el marcador. Esos ojos que bien podrían ser los de un veterano Alatriste a punto de desenvainar la toledana. Y comerme las uñas esperando ese tiro decisivo. Y abrir la boca con cara de estupefacción al ver el balón ejecutando una parábola imposible y entrando limpio en la cesta.

Larry Bird en sus últimos años fue la personificación de una virtud, el orgullo. Ése era el motor que movía su maltrecho cuerpo. Bird no agachaba la cabeza nunca. Con dolor en la espalda o 20 puntos abajo, Bird continuaba peleando hasta el final. Los Celtics ya no eran candidatos al anillo pero era necesario rematarles en cada partido porque si perdonabas, si dejabas una rendija de la puerta abierta, el 33 de verde iba a entrar por ella con el cuchillo entre los dientes, sin dejar títere con cabeza. Bird luchaba contra la derrota como el timonel de un barco lucha contra el mar en mitad de una tempestad. Sin esperanza, pero con arrojo.

Larry Legend es su mote. No es casualidad. Bird se enfrentó al destino y le venció. Primero escribió para él una vida como barrendero en un pueblo agrícola de 1200 habitantes perdido en el corazón de Indiana y Bird rehusó. Después, un mediocre periplo en una pequeña universidad de segundo orden y Bird rehusó. Finalmente, una vida deportiva a la sombra del mejor jugador y el mejor equipo que se había visto nunca, Earvin “Magic” Johnson y sus Lakers, y Bird rehusó.

Larry Bird es simplemente sinónimo de grandeza. El último gran héroe forjado asímismo a sangre y fuego. Su éxito es extrapolable a su persona, representa el triunfo de la clase obrera.

Es la victoria del perdedor.  

Para terminar quisiera agradecer a Ivi que me pasase el siguiente link:

http://www.youtube.com/watch?v=vPq1xTd078M

Porque vale más una imagen que cien palabras, merece la pena verlo.

Dámaso Martínez,Publicado en Sun Dec 10 16:39:01 UTC+0100 2006

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2 respuestas a 50 años

  1. Jorge dijo:

    Hola. Creo que este detalle era necesario, no podías dejarlo pasar! Estoy seguro que Larry sabe que existe una persona como tú y que acabará leyendo esto, por mucho que ya le hayan escrito y él haya leído. Grande Larry, grande Dam!! Jorge.
     
    PD: Es la mejor actuación personal en el mundo del baloncesto, por mucho que otros chillen.

  2. Alberto dijo:

    muy bueno,
    pero jorge,aqui no habla de ninguna actucacion memorable,ademas de que era uno el que iba en contra de las masas…..hasta el viernes

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