Trubianos

Dícese de los nacidos o residentes en la localidad asturiana de Trubia. Hasta aquí la versión oficial reconocida por la RAE. Pero todos sabemos que tras esta sucinta y aséptica definición se esconde la verdad. Ser trubiano implica algo más. Es una filosofía de vida. El alcalde de Estocolmo ha pretendido hermanarse con dicha localidad asturiana porque su ratio de Premios Nobel por habitante es el más alto del mundo.

Dentro de lo que es Trubia destacan sobremanera sus jóvenes y también sus jóvenas, no me vayan a tildar las susceptibles chicas feministas de reaccionario machista con lo moderno y liberal que soy. Son especiales, inconfundibles. Lo llevan en la sangre. Los puedes identificar fácilmente por las calles de Oviedo y allí donde fueren.

Ellos son muy varoniles a la par que vanguardistas y malos, malotes. Son rebeldes porque el mundo les hizo asina. Visten a la moda. Llevan deportivas de alguna marca surfera que cuestan un Potosí con un calcetín enrollado bajo la lengüeta para dotar de mayor donaire a su empeine. Llevan pantalones tejanos anchos, muy anchos y caídos, muy caídos, acompañados de una cadena que cuelga de su bolsillo trasero. Son todos de camiseta y sudadera con capucha. Además son gente de bien. A los dieciocho años todos tienen coche y trabajan.  Se han dado cuenta que una carrera universitaria palidece ante un título de CEAC. El coche tuneado, por supuesto. Cada uno según sus posibles. Llantas caras, cristales tintados, asientos tan a ras de suelo que casi no les llega la cabeza al parabrisas y volante de competición en un Peugeot 205 D donde la música suena muy alta al compás de Estopa o algún gurú del house.

Los machos alfa se atreven con la gorra y el pendiente en la oreja izquierda a modo de complemento. Como efecto secundario de tanta música, hablan muy alto, casi a voces. Y sus conversaciones son dignas de su rango de Nobeles.

      –     Oye tío, llama al Jonan pa decirle que llegamos tarde. No se vaya a cruzar el joputa.- dice uno.

      –     No puedo macho. Me dejé el móvil en casa.- dice el otro.

      –     ¿Por?.- replica el uno.

      –     Joer trons, por si lo pierdo.- responde el otro

Elemental, querido Watson.

Ellas también son muy femeninas a la par que vanguardistas, y un poco cachondas. Les gustan mucho las faldas cortas blancas o tejanas, acompañadas de medias color carne en invierno, y los tirantes. Siempre llevan tirantes, aunque nieve, porque es algo muy sexy. El conjunto lo rematan con las típicas botas camperas en cuyo interior irremisiblemente añaden la cajetilla de rubio asomando en la parte superior del tobillo. Porque todas fuman. También hablan muy alto en general, y entre ellas se gritan porque son muy elegantes y su femineidad lo requiere. Su tema de conversación predilecto es el sexo.

      –     Poz ayer fui a dar un voltio con el Jonan hasta el Naranco. Y me dijo que lo ponía muy cachondo. Y le metí la lengua hasta las anginas, no pude evitarlo. Y él empezó a tocarme el potorro y me se hacía pesi-cola.- dice  la una.

      –      Tía, ¡qué guarra que eres!.- dice la otra.

      –      No tía. Nunca había conocido a nadie como el Jonan. ¡Es tan inteligente, simpático y sensible! Lo que pasa es que tienes envidia porque está más bueno que tu Charlie y además tiene coche.- replica la una.

      –      Sí, pero pedazo estilete que tiene mi Charlie.- contesta la otra.

En los bares de copas también es fácil identificarlos. Ellos en la barra cargando el depósito. Beben mucho, más que cualquier otro no trubiano. Es cuestión de genética. Ellas están bailando en la pista porque son muy sensuales y atractivas después de haber tomado su ración de chupitos de tequila, a la espera de que lleguen el Jonan y su panda a darles su merecido.

Aún no me explico como nadie en TeleAsturias ha pensado en una serie juvenil: TRUBIANOS. Tipo Rebelde Way pero más nuestra. Ya veo al Jonan y la Jenny de protas. Rompe el “share” de audiencia. Seguro. Y, como vivimos en una comunidad sociata y con talante, quizá sería más correcto titularla: TRUBIANOS Y TRUBIANAS, o bien, TRUBIAN@S.  Esta última fórmula es ideal, más moderna y progre.

Nota: Desde aquí quisiera agradecer a los reconocidos sociólogos asturianos Diego Campo y Óscar Blanco su inestimable contribución al estudio del fenómeno trubiano. Horas pacientes de dedicada observación han concluido en este ensayo definitivo. Sin vuestra aportación nunca lo hubiera conseguido. Muchas gracias.

Dámaso Martínez,Publicado en Sun Jan 14 13:30:06 UTC+0100 2007

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Una respuesta a Trubianos

  1. Diego dijo:

    Da gusto colaborar contigo cuando trasladas esas horas de observación al papel con tanto buen gusto y objetividad. Aún se me eriza el pelo de mis partes más íntimas con la genial frase "para dotar de mayor donaire a su empeine". Por eso, al igual que hizo la revista Time hace pocas fechas nombrándonos a todos los internautas personajes del año, propongo que los trubianos sean galardonados con el Nobel de Física, Química, Medicina, Literatura, de la Paz…. y, por supuesto, que su lugar de origen reciba el título de Pueblo Ejemplar. No es para menos.

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