La tribu de Brady

Partamos de la base de mis rudimentarios conocimientos respecto al fútbol americano. Hay una línea de tipos gordos y fuertes, auténticos mastodontes, que deben proteger a un tipo blanco y alto para que le de tiempo a lanzar un balón ovalado a otro tipo negro y también alto que corre por la cancha raudo y veloz buscando cogerlo antes de que caiga al suelo. Esta es la jugada uno. La jugada dos es cuando el tipo blanco y alto, al que llaman quarterback, le entrega el balón ovalado a la mano a uno negro, no tan alto, fuerte como un toro, y rápido como un rayo cuyo objetivo es correr hacia delante como un poseso hasta que alguno del equipo contrario choca contra él y lo tira al suelo. A esto lo llaman placaje. Es sencillo. 

El domingo sintonizo Sportmania y televisan las semifinales de conferencia entre San Diego Chargers y New England Patriots. Voy con los Patriots. ¿Por qué? Fácil: es el equipo de Boston, juegan contra el mejor equipo de la temporada regular y contra el MVP LaDainian Tomlinson, y además su quarterback, Tom Brady, tiene una novia que está muy buena y es fan de los Celtics. Suficiente.  

El partido es muy defensivo. Como todos en los que ganas o te vas a casa. La primera parte termina 14-10 para San Diego. Para ser sinceros parece más equipo y New England está en el partido gracias a un touchdown “in extremis” de Gaffney a pase de Brady con el que concluye la primera mitad.

Escucho la retransmisión y me voy ilustrando. Resulta que los Patriots han ganado tres de las últimas cinco Superbowl, liderados por Brady, por una diferencia de tres puntos cada una de ellas. Es decir, un “field goal”. Así pues, en el tercer cuarto anotan uno de éstos y se aproximan 14-13. El partido hasta el momento es lamentable, tedioso y el bueno de Brady no acierta un pase ni borracho.

Comienza el último cuarto y los Chargers hacen un fantástico “drive”, logrando un “touchdown”. El partido está 21-13 para San Diego a falta de escasos ocho minutos para el final. Es la 1.15 a.m y me acuesto pensando: “Game Over. Joder, otra vez que perdemos. ¡Vaya mierda de partido! Esto no lo arregla nadie”.

La mañana siguiente me conecto a internet mientras amago que trabajo y veo que los Patriots han ganado 24-21. No me lo puedo creer. Me había olvidado de Tom Brady. Tras el 21-13 y tres cuartos y medio lamentables dirige un “drive” perfecto alcanzando la “end zone” con un pase a Caldwell y anotando el “extra game”. Empate a 21. A continuación, ¡oh, milagro!, la defensa de New England logra parar a San Diego en la yarda 50 (medio campo). San Diego intenta un field goal kilométrico que no va entre los tres palos. Nueva posesión para los Patriots y, una vez más, Brady no la desaprovecha. Con un “drive” de ocho jugadas acerca a su equipo a la yarda 31 de San Diego, y desde allí Stephen Gostkowski logra el asequible field goal que, a falta de menos de un minuto, da la victoria final al equipo del estado de Massachussets. La historia se repite una vez más.

Así es Brady. Elegido en el número 199 del draft de 2000. Sí, no hay errata. En el 199, parece broma pero no lo es. Este mocetón de 1,93 nacido en la localidad de San Mateo en California, con sus 29 años, probablemente no sea el quarterback con mejor brazo que haya dado el fútbol americano pero tiene una virtud que diferencia a los buenos de los más grandes: la capacidad de rendir al máximo cuando pintan bastos; la determinación que hace posible liderar a un equipo hacia la victoria en situaciones adversas hasta tal punto, que nadie daría un penique por ella. En definitiva, la mentalidad ganadora que, aunque nadie sabe en qué consiste exactamente, permite a los más grandes bailar con la presión como Fred Astaire lo hacía con Ginger Rogers.

Su contemporáneo Peyton Manning, número 1 del draft de 1998, le sobrepasa en honores estadísticos por goleada: yardas de pase (37000 a 21000), pases de touchdown (275 a 147), rating (94,1 a 88,4)… en todo lo imaginable excepto en títulos (3-0). Los Patriots tienen una marca de 12-1 en playoff desde que Brady está al mando, mientras la de los Colts de Manning es de 5-6.

Ambos se enfrentarán en la final de conferencia del próximo domingo. De ganar, el 12 de New England jugaría su cuarta Superbowl en los últimos seis años, y en ocho como profesional. De ganarla, igualaría los títulos de un tal Joe Montana en la mitad de temporadas. No sé tú, pero yo estaría más tranquilo sentado en el banco de la tribu de Brady.

¡Go Patriots!

Dámaso Martínez,Publicado en Fri Jan 19 22:18:35 UTC+0100 2007

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