Alevines

Sábado 5 de mayo de 2007. Doce de la mañana. Municipal de Vallobín. Se enfrentan los dos primeros clasificados del grupo II de la tercera división alevín asturiana. El CD Vallobín se juega apurar sus últimas opciones de ascenso directo, el Peña Berto confirmarlo a falta de la última jornada.

Padres, madres y abuelos copan las gradas del coqueto e histórico estadio. Comienza el choque y el resultado es de 0-1 al descanso. En la reanudación, el entrenador local da entrada al “Chilín” (mi vecino), Antonio y David apostando por un once mucho más ofensivo. El nivel de juego de los locales mejora ostensiblemente y el peligro se cierne sobre la portería visitante. Sin embargo, una contra termina con el 0-2 y el partido parece sentenciado. Nada más lejos de la verdad.

Suena la heroica de Beethoven. Fiel a su estilo, el Vallobín persevera atacando con criterio y llega el 1-2 como consecuencia de un gol en propia meta. Pocos minutos después, Antonio logra el empate.

La temperatura sube en las gradas del Antiguo Hospicio y con la tensión comienzan los pequeños roces dialécticos entre familiares que son el santo y seña de estas categorías. Fútbol en estado puro, vamos.

En el campo, el CD Vallobín continúa buscando la gloria. Antonio vuelve a realizar un fantástico desmarque y encara sólo al portero rival; los aficionados visitantes piden fuera de juego (yo me río, ¡me encanta el fútbol!). El cancerbero hace un claro penalti sobre el 10 de la elástica azul marino, pero aún así el balón termina entrando lentamente en la red. El colegiado, todo un personaje digno de la inmortal obra de Victor Hugo “El jorobado de Notre Dame”, anula el gol y pita la pena máxima ante el estupor y las protestas de los jugadores y la grada local.

Es el momento que diferencia a los hombres de los niños. A diez minutos del final, delimita la delgada línea entre la victoria y el fracaso, la esperanza y la decepción, el júbilo y la tristeza. El “Chilín” se hace con el esférico con decisión y lo coloca suavemente sobre el invisible punto de cal. Mira al balón y luego al árbitro. Espera el pitido con toda la frialdad que permite un corazón a ciento ochenta pulsaciones por minuto. Golpea con la diestra fuerte, abajo y al lado izquierdo del portero. Imparable. Es el 3-2, es la remontada. Es la justa victoria.

Esa misma tarde, mi vecino viene a verme con la marca de la felicidad dibujada en el rostro. Le digo:

Chilín, ¡vaya partidazo!, eres un auténtico “crack”. Así me gusta, tío, asumiendo la responsabilidad cuando hay que hacerlo, como hacen los grandes”.

Él, a sus once años, me responde sin el más mínimo atisbo de afectación y con toda la inocente seriedad propia de su edad:

“¡Joder Dam! Era lo que tenía que hacer; para algo soy el capitán

Le miro atónito y sorprendido, sonrío, le acaricio la quisquilla y pienso: de mayor quiero ser como tú.

Aún no estamos perdidos. Al menos, no del todo.

 

Dámaso Martínez,Publicado en Tue May 8 23:23:10 UTC+0200 2007

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Una respuesta a Alevines

  1. Diego dijo:

    Auténtico crack. El Vallobín está a salvo mientras tenga capitanes con tan solidos principios.

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