El tipo que siempre hace lo correcto

Hay una máxima, muy simple y muy sabia, en baloncesto que dice: “Un gran talento empleado para el equipo hace historia. Un gran talento empleado en beneficio propio, como mucho, hace crónicas”.

En los albores del s. XXI esta máxima adquiere especial relevancia. En la NBA, cada año hay unos 25-30 jugadores que pueden considerarse estrellas. Asimismo hay otros 25-30 que aspiran a alcanzar ese estatus. Esta situación es una constante en el tiempo y la única variable son los nombres que conforman ambos grupos: el de estrellas consolidadas y el de “outsiders”. Sin embargo de entre todos ellos, hay uno o dos por generación que sobresalen por encima del resto. Son aquellos que poseen  la combinación de mentalidad y talento físico, técnico y táctico adecuada en cada momento concreto de la historia para dominar la Liga.

La pregunta es, ¿en qué consiste dominar la Liga?, ¿en ganar el MVP?, ¿en anotar, rebotear o asistir más que ninguno?, ¿en ser el más espectacular, el más creativo, el mejor defensor?, ¿el más votado para el All-Star? La respuesta, bajo mi punto de vista, es muy sencilla. Cada mes de noviembre los 460 jugadores que conforman los 30 equipos de la mejor Liga de baloncesto del mundo saltan a la cancha, o al menos deberían hacerlo, con un único objetivo: ganar el anillo de campeón. Ateniéndonos a eso, aquel que domina es el que, siendo la principal referencia de su equipo, logra alcanzar ese objetivo en más ocasiones. Bajo esta premisa, hablamos de Russell para la década de los 60, Bird y “Magic” se reparten los 80, Jordan tiraniza los 90. Son los jugadores que marcan esa palabra que el periodismo norteamericano adora utilizar: una Era.

Son los que hacen mejores a los que los rodean, los que entienden que la estadística es un medio para alcanzar un fin y no un fin en sí mismo, y que a largo plazo son los títulos y no los números los que otorgan la inmortalidad porque, al final, la historia siempre la escriben los vencedores. ¿Alguien recuerda quién fue el máximo anotador en 1984? No, pero todo el mundo sabe que ese año los Celtics de Bird ganaron el título a los Lakers de “Magic”.

El último ejemplar de esta exclusiva especie es Tim Duncan. Duncan es un exponente de otro tiempo. En una época marcada por el salto directo desde el instituto al profesionalismo, Duncan juega los cuatro años pertinentes con Wake Forest y se gradúa en Psicología antes de ser elegido con el nº1 en el draft de 1997 por los San Antonio Spurs. En una era post-Jordan caracterizada por la lucha de egos, el individualismo, el afán anotador, la búsqueda de un heredero, Duncan impone un estilo de juego íntegro, ortodoxo, sobrio, donde el colectivo siempre está un nivel por encima de las individualidades. “The Big Fundamental”, al contrario que muchos de sus contemporáneos, pone todo su talento al servicio de su equipo cuando lo más corriente es que los equipos estén al servicio del talento de su estrella.

Es un jugador completo. Sus fundamentos ofensivos son académicos. Aprovecha sus 211cm con un juego al poste efectivo, un tiro de 4m a tablero infalible y una lectura de los “traps” decimonónica. Su juego defensivo es inmejorable. En mis veinte años de afición a este deporte, nunca ningún jugador dominó esta disciplina como lo ha hecho Duncan en sus 10 años de profesional. Nunca ha sido máximo reboteador, ni máximo taponador, ni elegido mejor defensor. Pero Duncan no necesita la estadística para ser el mejor defensor sobre un parquet. Y lo es, no porque sea capaz de reducir a la mínima expresión, noche tras noche, la contribución de su par en el equipo rival. Jugadores así he visto muchos. Su grandeza radica en el efecto global que causa sobre los ataques rivales; Tim no sólo altera la concepción del juego de su par sino también la de los otros cuatro adversarios.

Y lo hace de forma natural, discretamente, sin aspavientos. Su juego parece una verdadera extrapolación de su carácter. Ése que, pese a ser dos veces MVP de la Liga Regular, tres veces MVP de la Final, una vez MVP del All-Star, integrar diez veces el mejor quinteto global y defensivo de la Liga y ganar cuatro campeonatos convirtiendo a una franquicia humilde en la cuarta más victoriosa de la historia, le mantiene alejado de la vorágine mediática. Duncan no es el jugador preferido de la prensa porque no da lugar a grandes titulares, no lleva una pistola en la guantera del coche, ni hace partidos de 80 puntos, ni mates estratosféricos, ni vende camisetas. Pero si preguntases a cualquier jugador, entrenador o general manager qué jugador elegirían para incorporar a su equipo la temporada que viene, más del 80% de ellos te darían un sólo nombre. El tipo que siempre hace lo correcto. Posiblemente, el mejor ala-pivot de la historia.

Dámaso Martínez,Publicado en Mon Jun 18 22:49:30 UTC+0200 2007

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