Como los burros a los aviones

La música ensordece el ambiente; es el bar de siempre, con la gente de siempre, en la zona pija de siempre. Cacique-Cola en mano, nuestro héroe se encamina hacia un rincón con media sonrisa en la boca y su inconfundible aire a Hugh Grant. A la hora de siempre, entra la chica de siempre, por la puerta de siempre, tan mona como siempre, con su impecable pelo rubio peinado a la moda del momento, sus grandes ojos azules, su 1,75m, su sonrisa perenne en el rostro y su paraguas de Carolina Herrera.

La chica se acerca a nuestro héroe y cambia su semblante.

-Hola, ¿qué tal? Parece que has visto al diablo -comenta él

– ¿Es verdad que crees que soy como un mueble? -dispara ella, indignada

-¿Ehhh? ¿Disculpa? ¿A qué viene eso? ¿Y el buenas noches de rigor? -responde el héroe a la defensiva

– Ni buenas noches, ni leches. ¿Dijiste eso? -replica ella, aunque en esta ocasión hay más incredulidad que indignación en el tono

Ante esta disyuntiva, nuestro héroe sólo encuentra un camino, el de la perdición. Sabe lo que dijo, cómo lo dijo, a quién lo dijo, y no tiene ninguna intención de negar la evidencia y enfrascarse en una batalla de credibilidad perdida de antemano. El ácido olor de la traición comienza a inundar el local.

– La verdad es que no dije eso exactamente.

– ¿Y qué fue lo que dijiste, pues?

– Bueno, acabemos con esto de una vez. ¿Quieres saberlo? Bien, textualmente le a dije Carlos: "hablar con ella es como hacerlo con la puerta de mi habitación y para más "inri" mira como los burros a los aviones. A parte de eso, está muy buena" -responde él con cara de circunstancias.

La ira y el dolor procedentes de la frustración desencadenada por la terrible herida infringida cada vez que se abre un pequeño resquicio de la frágil autoestima humana se abren paso a velocidad de vértigo en el rostro de nuestra protagonista.

– Eres imbécil. Yo, pensaba… ¡Eres imbécil!. Eres la mayor decepción de mi vida. Ni que tú fueras alguien cuando, en realidad, sólo sabes hablar de dos temas -escupe ella con rabia.

– No lo niego, pero aún así te gano 2-0

Así da por terminada la conversación nuestro héroe, con unas últimas palabras marcadas por la temeridad del que no tiene nada que perder. La misma temeridad que puede llegar a mostrar en el patíbulo aquel condenado que, sabiendo que llorar no sirve de nada, levanta la cabeza y blasfema, recordando a todos vuestros muertos y a la puta que lo parió.

                                    Dámaso Martínez,Publicado en Thu May 15 18:33:25 UTC+0200 2008

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2 respuestas a Como los burros a los aviones

  1. Alia dijo:

    Tu héroe está un poco enfadado con el mundo, ¿no?
     
    Pobre, si es que somos todos unos piltrafillas, ya sea con paraguas de CH, ya con pose intelectualoide, ya con conocimientos técnicos indescriptibles. Perdiditos y acojonados.
     
    Saludos.

  2. mauricio dijo:

    oh Capitan mi capitan, los heroes siempre caen en el campo de batalla y son recordados por esas hazañas, los cobardes llegan a viejos.
     
    Quedan pocos heroes de esos… o alguno esta llegando a viejo!!!

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