El 69

Vientos de cambio soplaban en el 69. En el año erótico por excelencia, la cadena de grandes almacenes Wall-Mart abría su primer establecimiento, Barrio Sésamo emitía su episodio piloto y The Beatles convertían un paso de peatones londinense en un reclamo para mitómanos con la publicación de su álbum Abbey Road.

Los jóvenes americanos más modernos y molones follaban como descosidos en Woodstock y experimentaban con nuevas, ilegales y seductoras sustancias psicotrópicas antes de embarcarse, poco después, en una multitudinaria manifestación contra la guerra de Vietnam en el mismo lugar donde Barack Obama ha sido, recientemente, investido presidente.

Europa, mientras, vivía la resaca del año anterior. Los ecos de los tanques sobre Praga aún retumbaban en los oídos de los esperanzados checos que vieron sus deseos de libertad pisoteados por el totalitarismo soviético, y su primavera convertida en un perpetuo invierno. Por otra parte, mayo del 68, con el colectivo de estudiantes y trabajadores franceses haciendo temblar los cimientos del sistema, parecía ya lejanísimo y la tempestad generada por Danny “El Rojo” y sus compinches apestaba a oportunidad perdida.

The times they are a-changing

El baloncesto también olía a cambio. Los Celtics de Boston veían peligrar la tiranía ejercida en los precedentes doce años, amenazada por sus piernas cansadas, la savia nueva representada por los jóvenes Baltimore Bullets y el potente equipo de Los Ángeles Lakers reforzado con el fichaje de Wilt Chamberlain.

La temporada regular terminó con los Bullets en lo más alto de la Conferencia Este con una marca de 57 victorias y 25 derrotas, liderados por un Wes Unseld que se convertiría en el primer y único jugador de la Historia en labrarse los honores de Rookie del Año y MVP el mismo año, con unos promedios de 13,8 ppg, 18,2 rpg, 2,6 apg 47,6%TC y 60,5%TL. Junto a él, a modo de fiel escudero, contaba con Earl Monroe, también conocido como Earl “The Pearl” o “Black Jesus”. El calibre de sus apodos no hace sino definir el talento que atesoraba y promedió, en su segundo año como profesional, 25,8 ppg, 3,5 rpg y 4,9 apg 44,0%TC 76,8%TL.

La Conferencia Oeste fue comandada en todo momento por los angelinos, liderados por un trío de jugadores mágico: West – Baylor – Chamberlain hasta un registro final de 55-27. La magnitud de los tres es tal que si en 1969 se hubiese votado el quinteto ideal de la Historia del Baloncesto, todos ellos formarían parte de él, acompañados por Bill Russell y Oscar Robertson.

Sus números en la temporada 1968-69 son bien representativos de ello:

Wilt Chamberlain: 20,5 ppg, 21,1 rpg, 4,5 apg 58,3%TC 44,6%TL 10ª temporada

Elgin Baylor: 24,8 ppg,10,6rpg, 5,4 apg 44,7%TC 74,2%TL 11ª temporada

Jerry West: 25,9 ppg, 4,3 rpg, 6,9 apg 47,1%TC 82,1%TL 9ª temporada

¿Y los vigentes campeones? Los Celtics de Boston ocuparon la cuarta y última plaza que daba acceso a los playoff en el Este con una marca de 48 victorias y 34 derrotas. John Havlicek encabezaba el ataque con 21,6 ppg, 7,0 rpg, 5,4 apg 40,5%TC 78,0%TL. Mientras, Bill Russell, ejerciendo de entrenador-jugador, aportaba liderazgo aderezado con 10,0 ppg, 19,3 rpg, 5,0 apg 43,2%TC 52,6%TL en la que sería su última temporada en la NBA.

Never underestimate the heart of a Champion

En los playoff, los Lakers eliminan primero a San Francisco (4-2) y en final de Conferencia a Atlanta (4-1) para alcanzar su séptima final en once años. Por su parte, los Celtics suplen la desventaja del factor cancha en contra y derrotan primero a Philadelphia (4-1) y después a los New York Knicks (4-2). Es su duodécima final desde que Bill Russell llegó al equipo trece años antes, y representa la posibilidad de conseguir su undécimo campeonato en ese mismo periodo.

No es una final cualquiera. Es la Final. Es la repetición de un duelo épico que ya tuvo lugar en las finales de 1959 (BOS 4-0), 1962 (BOS 4-3), 1963 (BOS 4-2), 1965 (BOS 4-1), 1966 (BOS 4-3) y 1968 (BOS 4-2), todas ellas con resultado favorable para los “arrogantes verdes”. Pero en esta ocasión hay un matiz diferenciador, por primera vez el equipo angelino goza del factor cancha a su favor (y de Wilt Chamberlain).

Jerry West y Elgin Baylor casi pueden tocar con la yema de los dedos el anhelado anillo tras más de un lustro chocando una y otra vez con la misma piedra esmeralda. En la última semana de la temporada regular ambos equipos se enfrentan en Los Ángeles con un resultado favorable para los locales de 108-73. La venganza está servida… a priori nadie da un centavo por los viejos y desahuciados Celt´s. Para ellos, ya es un milagro haber alcanzado, una vez más, la Final.

El primer partido de la serie va a mostrar unos Lakers que van en volandas buscando el campeonato que tanto se les resiste, liderados por los 53 puntos y 10 asistencias de Jerry West para una victoria final por 122-118. El segundo partido también se lo adjudican los locales con un resultado de 118-112, con 41 puntos del imparable West y 31 puntos de Elgin Baylor incluidos los 12 últimos de su equipo.

Las finales se trasladan entonces a Boston. Allí los Celt´s logran su primera victoria, por 111-105, liderados por los 34 puntos de “Hondo” Havlicek. El cuarto partido es tosco, feo, defensivo y a cara de perro. A falta de 15 segundos para el final del partido los Lakers ganan 87-88 y sacan de banda; sólo tienen que mantener la posesión y esperar la falta personal de los locales para situarse 3-1 y volver a LA a sentenciar la eliminatoria. La mala suerte, los duendes del viejo Boston Garden, la perspicacia de Emmette Bryant o una mezcla de todo ello lo impedirá. Bryant roba el balón y pasa a Havlicek que encuentra a Sam Jones saliendo de un bloqueo de Bailey Howell. Jones tira, el balón rebota en el aro dos veces, primero por delante y después por detrás, antes de entrar, milagrosamente, en la canasta. 89-88. Jones, que venía protagonizando una serie mediocre, otorga la victoria a los locales.

Los veteranos y orgullosos Celtics dan un puñetazo en la mesa. Puede que sean viejos, puede que tengan menos talento, puede que carezcan de “glamour” y “charme” pero no se van a dar por vencidos. Si los Lakers quieren derrotarles tendrán que sudar cada punto. Las series vuelven a Los Ángeles empatadas.

El quinto partido es el más cómodo para la “fiebre amarilla”. Una nueva exhibición de West con 39 puntos, acompañados de 31 rebotes de Chamberlain les conduce a una victoria por 117-104.

En el sexto partido, de nuevo en Boston, Bill Russell protagoniza una sobresaliente actuación defensiva que limita la aportación de Wilt Chamberlain a 8 puntos y lleva a los Celtics a la victoria por 99-90. Todo se decidirá en el séptimo partido bajo el sol de California.

El 05/05/1969 Jack Kent Cooke se levanta convencido del triunfo. El propietario de los Lakers está tan seguro que prepara una red colgada del techo del pabellón con centenares de globos listos para caer durante la celebración del título. De igual forma, contrata a la banda de música de la Universidad de South California para amenizar la velada.

Cuando los Celtics entran al parquet del Forum de Inglewood para iniciar el calentamiento previo al partido, Bill Russell, observando el clima de euforia imperante, mira a sus compañeros y señalando con el dedo índice hacia el cielo les dice:

Esos globos van a permanecer ahí arriba una larga temporada

No faltó a su palabra. Heridos en su orgullo, los Celtics son un torbellino y el parcial al final del primer cuarto es una muestra de ello: 12-24. La banda de música de la USC ya hace un buen rato que ha dejado de tocar. Los Lakers no ceden y reducen la desventaja a tres al descanso. En el tercer cuarto, sin embargo, Wilt Chamberlain comete su quinta falta y los bostonianos aprovechan para cerrar el periodo con una ventaja de 15 puntos: 76-91.

En el último cuarto cambian las tornas, y es Sam Jones quién es eliminado por faltas personales mientras que tanto Havlicek como Russell están, entre la espada y la pared, con cinco. Los locales remontan punto a punto la desventaja. Liderados por los 42 puntos, 13 rebotes y 12 asistencias del omnipresente West se colocan 102-103 con algo menos de tres minutos por jugar. El Forum bulle como una olla a presión con la victoria a tiro. Sin embargo Don Nelson, actualmente entrenador de los Golden St. Warriors, acaba con el sueño de los de oro y púrpura, y con un nuevo tiro improbable, desde la línea de personal, tras recoger un balón perdido que pasa por varias manos antes de caer en las suyas, destroza las ilusiones angelinas. 102-108. Los Celtics ganan su undécimo entorchado en trece años y se convierten en la más exitosa franquicia del deporte norteamericano.

Bill Russell, con 35 años y en su último partido, corre por la pista reuniendo uno a uno a sus once compañeros. Todos ellos, enlazados por las muñecas, parecen uno sólo cuando reciben el trofeo que les acredita como campeones.

Jerry West se convierte en el primer y único MVP de unas Finales de la NBA que no gana el título, tras promediar más de 38,0 ppg en los siete envites.

Quince años más tarde, en 1984, tras revivir, esta vez como espectador, una nueva victoria en siete partidos de los Celtics frente a los Lakers en unas Finales, un periodista pregunta a Russell si no lo echa de menos: la fama, la gloria y el éxito, las mujeres….

“El Señor de los Anillos” responde: “Para serle sincero, no. Lo único que echo de menos es la sensación de sentarme en el vestuario antes de un partido, mirar alrededor y ver once tipos verdaderamente comprometidos, dispuestos a sacrificar logros individuales en pos de un único objetivo colectivo: ganar

La sola respuesta es capaz de explicar por sí misma la grandeza del individuo que la esgrime.

                                  Dámaso Martínez, Publicado en Thu Feb19 20:43:17 UTC+0200 2009

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Una respuesta a El 69

  1. Miguel Angel dijo:

    Muy buen artículo Dam. En serio, me gustó mucho. Sobre todo la intro.

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