La milonga del marinero y el capitán

Cuando uno está en la oficina sin asignación como consecuencia de la crisis económica que asola nuestro país (caída del 4% del PIB interanual, tasas de paro del 19% y subiendo… etc, etc, etc) tiene tiempo para muchas cosas, como leer detenidamente las ediciones digitales de los periódicos.

Y hoy me he levantado con la liberación del Alakrana. Y no salgo de mi asombro. Leo declaraciones grandilocuentes de Zapatero tales que “Mi primera obligación es salvar la vida de mis compatriotas” acompañadas de otras que apelan al “éxito de la negociación” y la relevante intervención de Moratinos en la misma. El Ministro de Justicia, Francisco Caamaño, se descuelga con un “España, como tal país, no paga rescates” y para finalizar nos narran la persecución efectuada vía aérea, por un helicóptero de nuestras fuerzas armadas, a los últimos piratas en abandonar el pesquero español.

Y debe ser que hoy estoy muy obtuso pero la verdad es que yo no veo el éxito por ningún lado. Y como estoy un poco cansado de esos onanismos mentales con los que nos deleita la clase política y de que se trate al ciudadano de a pie como a un borrego sin cabeza voy a dar mi visión del asunto.

En primer lugar, basta con decir que lo único loable de la negociación es la vuelta de la tripulación del Alakrana a casa. Y ya. El resto es una mentira. De hecho, la negociación no existe. Los secuestradores somalíes piden un rescate, se paga dicho rescate, 2,7 millones de euros, y los pescadores vuelven a casa. Si en esto radica el éxito de la negociación, yo también quiero el “carnet de negociador”. Tal y como se ha desarrollado la situación lo lamentable es que se podía haber efectuado el pago mucho antes, evitando así los 47 días de incertidumbre a los marineros y sus familias.

A continuación, Caamaño asegura que España no paga rescates. ¡Qué razón tiene nuestro ministro! El pago lo realiza el armador, cierto es, pero con dinero del Estado español. De este modo, España no figurará como ordenante en el documento de pago y se salvan los obstáculos legales y el ridículo moral que implicaría que una nación soberana se plegase a los deseos de una banda de piratas, pero lo que no hay manera de salvar son los 2,7 millones de euros que salen de las arcas del tesoro del Estado. Suma éstos a los 800.000 euros del rescate del Playa del Bakio el año pasado y hacen un total de 3,5 millones de euros.

Por último, está la historieta del helicóptero, la persecución infructuosa del último contingente de piratas que partió del Alakrana y demás. Otra cortina de humo, otra película mal montada para resarcir, de alguna forma, el herido orgullo patrio de un ejército atado de pies y manos, cuya única misión relevante a ojos de la ministra Chacón se sitúa en Afganistán.

Y yo me pregunto si no sería posible gestionar estas situaciones de una forma más eficiente. Y si, como dice el sabio refranero español, no sería preferible prevenir que curar. Y tras el secuestro en abril de 2008 del Playa de Bakio, aún no entiendo por qué somos reticentes a enviar tropas españolas en los buques pesqueros españoles que faenan en las zonas de riesgo tal como hacen, por ejemplo, los franceses.

Lo que es evidente es que una única fragata, a modo de espantapájaros, no es suficiente para proteger a una flota atunera cuyas redes de arrastre envuelven millas y millas a la redonda, con la dispersión entre cada uno de los barcos que esto conlleva.

Pero si somos un país tan moderno y tan neutral, pioneros en la Alianza de Civilizaciones, las risas y las palmadas en la espalda, que utiliza sus fuerzas armadas exclusivamente en las misiones de paz y de ayuda humanitaria en Afganistán, el Líbano, Bosnia y la Cochinchina con el único objetivo de quedar bien con nuestros socios de la ONU y la OTAN; si somos incapaces de enviar un contingente de infantería de marina en nuestros pesqueros para proteger las vidas de nuestros pescadores y responder, en su caso, a una agresión pirata, porque para el gobierno en ejercicio es prioritario mantener a ojos de la opinión pública mundial nuestra imagen de talante y buen rollito, tampoco entiendo por qué el gobierno ha tenido que esperar al Alakrana para permitir a los navieros contratar mercenarios (seguridad privada), que hagan las veces de soldados, y eviten un nuevo, triste y ridículo episodio como el presente.

En fin, como diría don Andrés… es la milonga del marinero y el capitán.

Dámaso Martínez, Publicado en Wed Nov18 14:56:14 UTC+0200 2009

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