Melancolía

Melancolía. Dentro y fuera de la pista. Así era Mirza Delibasic.

Su fisonomía, su rostro, sus movimientos, su comportamiento en la cancha se acerca más a la sensibilidad y elegancia de un violinista que a la de un atleta de élite. Nacido en el seno de una familia musulmana en la localidad de Tuzla, quizá sus coqueteos de la infancia con el ballet tuvieran mucho que ver en ello. Tras convertirse en campeón de tenis de su país en edad cadete, decide probar, en 1968, con el baloncesto e ingresa en las filas del Sloboda Tuzla. Pronto, sus innatas condiciones ponen de manifiesto lo acertado de su decisión. A una facilidad natural para tirar y anotar, propia del ADN balcánico, añade un extraordinario manejo de balón para alguien de 1,97m y una lectura del juego única que le permite jugar en cualquiera de las tres posiciones exteriores. Sus pases derrochan fantasía y magia, y tal combinación de atributos físicos y técnicos, concitan las inevitables comparaciones con otro jugador que, en la otra orilla del Atlántico, había maravillado en la universidad de Louisiana State, Pete “Pistol” Maravich.

En el verano de 1972, con tan sólo 18 años, Ranko Zeravica se lo lleva a Belgrado. El objetivo, integrarlo en las filas del Partizan junto a otros dos jóvenes de indudable talento: Dragan Kicanovic (19) y Drazen Dalipagic (21). Sin embargo, tras un mes en Belgrado, coge las maletas y sin previo aviso retorna con su familia. Los motivos de su abandono aún hoy permanecen ignotos pero Tuzla se queda pequeño a su baloncesto y termina fichando por el Bosna Sarajevo de Bogdan Tanjevic, donde jugará las siguientes nueve temporadas con unos promedios totales de 24,5ppp (puntos por partido) en competición liguera.

Mirza saca al Bosna de la mediocridad y el club pasa de jugar en la segunda división a alcanzar su cenit a finales de la década con la conquista del doblete (Liga y Copa yugoslava) en 1978 promediando 26,6ppp, la Liga de 1980 anotando 28,2ppp y, entre medias, la Copa de Europa de 1979 convirtiendo a los de Sarajevo en el primer club yugoslavo en lograr dicho hito al derrotar en la final al todopoderoso Emerson Varese, que jugaba su décima final consecutiva, por 96-93 con 30 puntos del propio Delibasic y 45 de su compañero Zarko Varajic en una de las actuaciones conjuntas más asombrosas jamás vistas en el baloncesto europeo.

A nivel de selección, viste la elástica plavi en 176 ocasiones (147-29) formando parte de la primera generación dorada del baloncesto yugoslavo. Mirza es el contrapunto de una selección cargada de personalidades fuertes y caracteres volcánicos. Delibasic es el mayor talento de su generación, con un estilo de juego gourmet, delicioso, coronado por virutas de genialidad. Poesía, bello de mirar, de admirar, puro arte. Sin embargo, su forma de entender la vida se equipara a su forma de jugar. Su carácter es reservado, un tanto taciturno y solitario, de una educación exquisita, averso al conflicto y en las antípodas de la agresividad verbal y el fuego competitivo de otros compañeros. Es un chico fácil de tratar, de entrenar, y ese perfil hace que para él no suponga ningún problema ceder protagonismo anotador (10,0ppp en la selección) y centrarse en tareas menos vistosas, dirección y defensa, en aras del éxito colectivo. Acompañado por otras leyendas como “Moka” Slavnic, Kresimir Cosic, o los ya mencionados Dalipagic y Kicanovic forja un palmarés envidiable: Bronce en el Eurobasket de Italia 1979 y el Mundobasket de Colombia 1982, plata en los JJ.OO de Montreal de 1976 y el Eurobasket de Checoslovaquia en 1981 y oro en los Eurobasket de Yugoslavia en 1975 y Bélgica en 1977, el Mundobasket de Filipinas en 1978 y los JJ.OO de Moscú de 1980.

En 1981, tras cumplir la edad mínima establecida por el estado yugoslavo para abandonar la competición nacional, Delibasic ficha por el Real Madrid. En su primera temporada, deja constancia de su calidad y logra el Campeonato de Liga en España y el Mundial de Clubs de la FIBA con el equipo merengue. Tras una segunda temporada más irregular y sin títulos, abandona el club. Y lo hace de una forma un tanto peculiar. El Real Madrid había mostrado una preocupante carencia de efectivos y calidad en la zona durante toda la temporada así que, al término de la misma, es el propio Delibasic quien se reúne con la dirección deportiva y les suelta:

-“Miren, no me necesitan. El perímetro está más que cubierto en este equipo, lo que necesitan con urgencia es un 5 así que pueden dedicar mi salario a hacerse con él”.

Y se va, con la misma distinción con la que se conducía dentro de la cancha, renunciando a compensación económica alguna y pagando de su propio bolsillo el abono del club de la temporada siguiente. Consecuentemente, se convierte en el principal objeto de deseo del mercado de fichajes europeo en el verano de 1983. Y, ante esta circunstancia, una vez más, sale a relucir su especial carácter. Con 29 años y en la cima de su carrera, con ofertas superiores a nivel tanto económico como deportivo encima de la mesa, opta por fichar por el modesto Bic Trieste de su amigo y mentor Bosha Tanjevic.

No llega a jugar partido oficial alguno en Trieste. Un derrame cerebral en la pretemporada lo aparta definitivamente de las canchas. Un triste adiós para un jugador inolvidable.

De su vida tras la retirada se sabe poco. Vuelve a su Bosnia natal, se instala en Sarajevo, se aleja del baloncesto, se casa en dos ocasiones, tiene un hijo con cada mujer. Vive la noche, es fácil verlo en los locales de moda, en contra de los consejos de los doctores y el sentido común bebe y fuma con regularidad, costumbres adquiridas mientras estaba en activo. Como consecuencia de este estilo de vida desordenado, bohemio, su salud se resiente. Un par de embolias están a punto de acabar con su vida.

Retorna a la actualidad mediática con la guerra de los Balcanes. Delibasic se queda en Sarajevo durante los tres años y medio que dura el sitio serbio de la ciudad. Envía a su segunda esposa Slamica Suka y a su hijo Danko a Trieste, a buen recaudo al lado del siempre presente Tanjevic. Él, sin embargo, renuncia a abandonar la ciudad. Se convierte, casi sin querer, en un símbolo de la resistencia bosnia para sus compatriotas. Mientras, su primera esposa y su primer hijo viven seguros en Belgrado.

Al respecto llegará a confesar: “No podía salir de Sarajevo mientras mis amigos y vecinos permanecían allí, todos sufriendo, muchos muriendo. Simplemente, no podía”.

En 1993 protagoniza, como director deportivo de la Federación de Baloncesto de Bosnia & Herzegovina, la ruptura del cerco a la ciudad, con la salida de su selección rumbo al Eurobasket de Alemania desde un aeropuerto sometido a constante fuego de artillería. En tierras teutonas logran una más que meritoria octava plaza.

En la fase más encarnizada del conflicto se ve obligado incluso a empuñar las armas. La propaganda serbia comienza una campaña de acoso. En algún periódico se llega a publicar el siguiente titular: “Mirza Delibasic, el dueño de un burdel donde se violan a mujeres serbias”. Sus propios excompañeros de selección llegarán a calificar, avergonzados, dicha afirmación como una abyecta difamación. Al respecto, Mirza apostillará lo siguiente:

-¿Violador yo? Me he casado dos veces, ambas con mujeres serbias, tengo dos hijos de mujeres serbias… es increíble hasta dónde hemos llegado…

Como consecuencia de la guerra su delicada salud empeora y comienzan los problemas económicos. En el año 2000 es elegido mejor deportista bosnio de la Historia. Poco después el Real Madrid decide invitarlo a participar en la capital de España a un pequeño homenaje en los prolegómenos de un partido ACB. A pesar de las dudas iniciales accede con la condición de que su hijo viaje con él. El Raimundo Saporta en pie ovaciona a un Delibasic que saluda agradecido desde un palco ya que su maltrecho cuerpo le impide bajar las escaleras al centro del campo donde Danko recoge en su nombre, sorprendido y emocionado por igual, la placa conmemorativa del acto.

Allí, interrogado por su actual vida responde, con sus enormes ojos zarcos dirigidos a algún remoto horizonte cuya existencia sólo él es capaz de vislumbrar:

–  Mi vida acabó hace seis años, en las calles de mi ciudad, junto con la de tantos amigos, todos ellos irremplazables.

Un año después, el 8 de diciembre de 2001 muere como consecuencia de un cáncer linfático. En sus últimos días bromeaba respecto a su edad, con su característica sutileza, objetando que tenía sólo 47 años pero, en realidad, había vivido el doble. La mitad de día y la otra mitad de noche. Un triste adiós para un ser humano inolvidable.

Melancolía. Dentro y fuera de la pista. Así era Mirza Delibasic.

Dámaso Martínez, Publicado en Fri Mar09 16:47:12 UTC+0200 2012

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