¡1918, 1918, 1918!

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

La multitud corea a modo de mantra esa mágica cifra en los alrededores de la E 161st Street y River Avenue la tarde del 20 de octubre de 2003. En el corazón del Bronx los Yankees juegan un séptimo partido contra sus archirrivales de Boston, los Red Sox, en busca de una plaza en la Series Mundiales de Béisbol.

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

El enfrentamiento comienza de cara para los visitantes que lideran 1-4 al término de la sexta entrada. En la séptima el pitcher All-Star Pedro Martínez concede una carrera y el resultado es 2-4 a falta de dos para el final del partido. Tras siete entradas la lógica pide la substitución del pitcher titular por uno de relevo que, con el brazo descansado, permita cerrar el partido. Sin embargo, el entrenador Gary Little decide apostar por la continuidad de Martínez en el campo. Los Yankees logran 3 carreras en la octava y con empate a 5 el choque se va a la prórroga hasta que el tercera base Aaron Boone consigue el “home run” que da la victoria a los locales en la undécima entrada.

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

La algarabía es completa, Nueva York palpita al ritmo de sus Yankees que jugarán las Series Mundiales por sexta vez en ocho temporadas (1996, 1998, 1999, 2000, 2001 y 2003). En Boston, los parroquianos de Cheer´s, en el 84 de Beacon Street, se miran estupefactos e intercambian juramentos en una liturgia ininterrumpida desde el año 1918. Fue entonces, en los estertores de la Primera Guerra Mundial, cuando los Red Sox ganaron su último campeonato nacional. Un 3 de enero de 1920 Harry Frazee, presidente de la franquicia y productor teatral en Broadway con necesidad de efectivo, decide traspasar a Babe “The Bambino” Ruth a los Yankees y el resto es historia. Da comienzo “La Maldición del Bambino” y durante los siguientes 85 años la escuadra neoyorquina quedará por delante de los bostonianos en 67 ocasiones en la División Este de la Liga Americana donde ambos militan. La magnitud de la maldición se visualiza fácilmente en el siguiente recuadro:

Series Mundiales
1903-1919 1920-2003
Finales Títulos Finales Títulos
Red Sox 5 5 4 0
Yankees 0 0 39 26

Si, a modo de agravante, afirmamos, sin miedo a equivocarnos, que este enfrentamiento constituye la mayor rivalidad en las Ligas Mayores de Béisbol podemos concluir que, en definitiva, no ha sido fácil ser de los Red Sox en el s.XX. Tres generaciones de aficionados sufriendo una decepción tras otra, temporada tras temporada, mientras tu némesis deportivo gana títulos con una frecuencia insultante para lo habitual en cualquier disciplina del deporte americano. Ocho décadas de dolorosa frustración con algunos picos cercanos al paroxismo de la fatalidad. Los siguientes dos episodios resultan especialmente ilustrativos al respecto.

La masacre de Boston

En 1978 se cumplen 60 años del último título. A mediados del mes de julio, a falta de dos meses y medio para el final de la temporada regular, los Red Sox logran una ventaja de 14 partidos sobre los Yankees y encabezan con comodidad su división situándose como indiscutibles candidatos al título. La esperanza y el optimismo renacen en Beantown ante la perspectiva de conseguir, al fin, el esquivo campeonato. Sin embargo, la alegría dura poco en casa del pobre y para el 7 de septiembre los Yankees han reducido la distancia a 4 partidos y se desplazan a Boston a jugar lo que se prevé una serie decisiva. Los neoyorquinos ganan los cuatro partidos en Fenway Park por un total combinado de 42-9. “La masacre de Boston” deja a ambos equipos empatados en la cabeza de su división pero con trayectorias absolutamente divergentes. El 16 de septiembre los Yankees ya sacan 3 partidos a unos Red Sox descompuestos. Los playoff y el sueño de las Series Mundiales, tan vivo en julio, se escapa irremisiblemente de las manos a falta de dos semanas para el término de la temporada pero… los Red Sox son un imprevisible genio bipolar capaz de pasar de la desesperación a la euforia en nanosegundos y consiguen imponerse en 12 de los últimos 14 partidos para volver a igualar a los Yankees en lo más alto de su división.

Será necesario jugar un partido único de desempate con el título de división y el acceso al playoff en juego. Nueve entradas para dilucidar el resultado de una temporada de 162 partidos. Una moneda al aire dicta sentencia y ambos equipos se volverán a ver las caras en Fenway Park. En Massachusetts  no supone un partido cualquiera, es una reivindicación histórica y la ocasión de clavar un puñal en el corazón de un adversario que lleva haciendo lo propio los últimos sesenta años. El ambiente en el estadio es una locura, 32.925 almas entregadas a una misión. La animadversión y hostilidad acumulada alcanzan niveles impropios del deporte americano por excelencia y Goose Gossage, pitcher de relevo de los Yankees, afirmaría haber recibido una ducha de cerveza y escupitajos a la finalización del encuentro. A pesar de liderar 2-0 al término de la sexta entrada, los Red Sox caen por 4-5 en el episodio más descorazonador de su dolorosa historia. Los Yankees completan así la masacre de Boston para posteriormente alzarse con sus vigesimosegundas Series Mundiales ante Los Angeles Dodgers.

Las Series Mundiales de 1986

En 1986 los Red Sox se plantan en las Series Mundiales tras ganar 95 partidos en temporada regular logrando el mejor record de victorias de la Liga Americana y vencer a los California Angels por un apretado 4-3 en las Series de Conferencia. Su rival en las finales serán los New York Mets, 108 victorias en temporada regular, que llegan tras eliminar 4-2 a los Houston Astros en las Series de Conferencia de la Liga Nacional.

Las trece victorias de diferencia entre ambos equipos otorgan el factor cancha y un papel de favorito claro a los de Queen´s. Las cosas cambian rápido cuando, de manera absolutamente inesperada, los Red Sox ganan los dos primeros partidos en el Shea Stadium y vuelven a Boston para jugar los siguientes tres partidos en casa. Les basta con ganar dos de ellos para sentenciar las Series Mundiales. No es así, los Mets logran imponerse con contundencia en los dos primeros en Fenway Park mientras los Red Sox ganan el tercero para volver a Nueva York con una ventaja de 3-2. El familiar olor a oportunidad perdida sobrevuela de nuevo las orillas del río Charles.

El sexto partido es un incunable. Tras las nueve entradas reglamentarias el resultado es 3-3. Henderson y Boggs consiguen dos carreras para los bostonianos al inicio de la décima entrada. Schiraldi elimina a los dos primeros bateadores de los Mets. Los Red Sox acarician el título con la yema de los dedos tras 68 años de sequía, sin embargo, milagrosamente los Mets logran tres carreras al final de la décima para llevarse la victoria. Ray Knight logra la carrera ganadora tras un clamoroso error del primera base Bill Buckner a una bola baja bateada por Mookie Wilson.

8-5 es el resultado del séptimo partido y las Series Mundiales se quedan en Nueva York. Mientras, la bola escapándose incomprensiblemente entre las piernas de Buckner pasará a formar parte, como la sombra de un fantasma, del imaginario colectivo de varias generaciones de aficionados en Boston. Nunca se había estado tan cerca de romper “La maldición del Bambino”.

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

La tarde del 16 de octubre de 2004, 361 días después del inicio de esta historia, los ecos del mismo mantra sobrevuelan de nuevo los pubs de Manhattan entre muestras de entusiasmo exultante, sonrisas boreales y cerveza a $18. En la reedición de las Series de Conferencia de la Liga Americana de la temporada anterior los Yankees acaban de vencer por un contundente 19-8 en Fenway Park colocándose 3-0 en la eliminatoria. La desbordante alegría está más que justificada y las Series Mundiales se vislumbran de nuevo a la vuelta de la esquina ya que ningún equipo en los 100 años de historia del Playoff de las Ligas Mayores de Béisbol ha logrado remontar una eliminatoria tras ir 3-0 abajo.

En el cuarto partido los Yankees lideran por 4-3 al final de la séptima entrada. El panameño Mariano Rivera, el mejor pitcher relevo de su generación, salta al campo con la misión de cerrar la eliminatoria para los neoyorquinos. En ese momento la victoria de los Red Sox no se paga ni en pesetas, sin embargo, en la novena entrada Dave Roberts, tras robar milagrosamente la segunda base, consigue una carrera a bateo de Bill Mueller y el partido se va a la prórroga. En la duodécima entrada aparece la enorme figura, en todas las acepciones posibles del término, de David “Big Papi” Ortiz que con un “home run” da la victoria a los bostonianos. El guión del quinto partido será idéntico, los Yankees arriba 4-2 al final de la séptima entrada, los Red Sox logran empatar en la octava y, tras una novena en que el marcador no se mueve, el partido se va de nuevo a la prórroga. Son necesarias cinco entradas adicionales para decidir el vencedor. Tras 5 horas y 49 minutos, de nuevo la excelencia de David Ortiz al bate permitirá a Johnny Damon firmar una carrera que inhala aire fresco en los pulmones de Fenway Park.

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

A pesar de la explosión de adrenalina y la liberación de endorfinas derivada de las dos victorias “in extremis” la serie vuelve al Bronx con 3-2 para los neoyorquinos y la tarea de robar los últimos dos encuentros en el Yankee Stadium aún se antoja hercúlea. En el sexto partido es Curt Schilling quien asume el papel de héroe clásico. Su excelente rendimiento con Arizona en las Series Mundiales de 2001 permitió doblegar por 4-3 a unos indomables Yankees, reportándole el premio de MVP y contribuyendo decisivamente a su fichaje por Boston dos temporadas después. Con 37 años y un severo desgarro en el tendón peroneo de su tobillo derecho mantiene a los locales bajo control a lo largo de siete entradas en las que permite una única carrera. Al inicio de la octava, con un resultado parcial favorable de 1-4, es sustituido por el pitcher de relevo Bronson Arroyo; al llegar al banquillo desata sus deportivas con visible gesto de dolor y las medias de su pierna derecha aparecen bañadas en sangre a consecuencia de los puntos rotos en la herida de su talón. Arroyo permite otra carrera en la octava pero el partido finaliza 2-4. Los Red Sox fuerzan el séptimo partido y Schilling aparece sonriente y confiado, vistiendo una camiseta con el lema Why not us? y cojeando visiblemente en la rueda de prensa post-partido. Un nuevo icono ha nacido en Massachusetts.

  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!
  • ¡1918! ¡1918! ¡1918!

El 20 de octubre de 2004 se juega el séptimo y decisivo encuentro. El mismo día, el mismo lugar, los mismos rivales, exactamente un año después. Sin embargo, el “momentum” de ambas escuadras es radicalmente opuesto; los Yankees llegan con la presión añadida de evitar el ridículo de convertirse en el primer equipo de la historia en malgastar una ventaja de tres partidos en una serie y el agotamiento psicológico de las dos derrotas en el tiempo extra; los Red Sox, por el contrario, llegan con el descaro del que no tiene nada que perder, la euforia del condenado a muerte cuya sentencia es derogada y la implacable sed de venganza del siervo que se rebela tras interminables años de humillaciones. El choque dura dos entradas, lo que tardan los bostonianos en adelantarse 0-6. Los Yankees están noqueados. Los Mariano Rivera, Derek Jeter, Alex Rodríguez y compañía no se lo pueden creer, el partido finaliza 3-10 y la debacle neoyorquina se confirma. “The Greatest Comeback in Sports History”, tal y como profetizó, a modo de oráculo, la pancarta que un devoto aficionado se atrevió a colocar en Fenway Park durante el… ¡cuarto partido!

Las Series Mundiales son un puro formalismo. Los Red Sox derrotan por 4-0 a los St. Louis Cardinals para terminar la temporada con ocho victorias consecutivas y revocar “La maldición del Bambino”. El título retorna a Boston 86 años después. Se cierra el círculo de una historia de expiación y redención propia de una novela de Dumas o Dostoievski. El sarcástico cántico ¡1918! ¡1918! ¡1918! es silenciado para siempre. Los Boston Red Sox ganarán también las Series Mundiales en 2007 y 2013.

Tessie* vuelve a sonar alto y fuerte desde el “Third Base” a Huntington.

*Tessie era la canción que sonaba en el estadio tras cada victoria de los Red Sox hasta 1918. La versión rock de los Dropkick Murphys la devolvió al primer plano tras el título de 2004. El “Third Base” era el Pub en el que se reunían los Royal Rooters (Grupo de aficionados incondicionales) antes de cada partido. Huntington Avenue era el lugar donde estaba situado el antiguo estadio. Mike “Nuf Ced” McGreevy era El dueño del “Third Base” y líder de los Royal Rooters. El apodo de “Nuf Ced” procedía de su característica manera de cortar las discusiones con la expresión “Enough Said” para evitar peleas en su pub. Stahl, Dinneen y Young fueron el corazón del grupo de pitchers que lograron las primeras Series Mundiales para los bostonianos en 1903.

Dámaso Martínez, Publicado en Tue Oct06 12:45:56 UTC+0200 2015

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s